Divendres 29 juny
22.30 h / Escales de la Catedral
 
Simon Estes, baix-baríton
Donald Ryan, piano
 
Verdi: Vieni, O Levita...Tu, sul labbro (de l'òpera Nabucco) / A te l'estremo addio...Il lacerato spirito (de l'òpera Simon Boccanegra) / Wagner: Mein Herr und Gott (de l'òpera Lohengrin) / Malotte: The Lord Prayer / I'd Rather Have Jesus / Lord I want to Be a Christian / Allitsen: The Lord is My Light / Spirituals: Deep River / heav'n. Heav'n / Nobody Knows the trouble I've Seen / Joshua Fought the Battle of Jericho / Steal Away / Every Time I feel the Spirit / He's Got the Whole World in His hand
 

Simón Estes nació en Centerville, Iowa, el año 1938. Su padre era minero del carbón. Tanto él como su hermano y sus dos hermanas recibieron una educación profundamente religiosa. Estes se integró en el coro local de la iglesia bautista como voz soprano, que no cambió hasta que llegó a la escuela secundaria, debido a lo que sus facultades vocales estuvieron muy limitadas durante tres años.

Formó parte del coro de la Universidad de Iowa como tenor. Inició sus estudios musicales con Charles Kellis, que recalificó su voz como de bajo barítono, y le enseñó técnica vocal, dicción y interpretación.

Hoy Simón Estes es un intérprete de fama internacional. Ha actuado con las mejores orquestas del mundo, y con directores de prestigio como Gerd Albrecht, Leonard Bernstein, Gay Bertini, Myung Whun Chung, James Conlon, Sir Colin Davis, Rafael Frühbeck de Burgos, Carlo Maria Giulini, James Levine, Lorin Maazel, Kurt Masur, Zubin Meta, Riccardo Mutti, Seiji Ozawa, Mstislav Rostopovitch, Esa-Pekka Salonen, Wolfgang Sawallisch, Guiseppe Sinopoli, sir George Solti, Horts Stein, y Marcello Viotii.

A lo largo de su carrera, Simon Estes ha ofrecido muchas actuaciones que hoy se consideran históricas. Su triunfal debut con «El holandés errante» en el festival de Bayreut, el año 1978, supuso la primera aparición de un artista de color en este escenario. También fue el primer Porgy en el Metropolitan en el año 1985 y el año siguiente, cuando se celebró el centenario del monumento, cantó con los Boston Pops ante la estatua de la Libertad. Ha cantado en la Casa Blanca para tres presidentes americanos y el año 1990 cantó en un servicio religioso en honor de Nelson Mandela en la iglesia Riverside de Nueva York, con la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Mstislav Rostopovitx, y el año 1994 cantó para el arzobispo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz en la catedral de San Juan el Divino de Nueva York.


Simón Estes ha grabado para Auvidis, Decca, Deutsche Grammophon, Deutsche Schallplatten, EMI, Philips Classics y Sony Classical.

En la temporada 1999-2000, interpretó el papel de Sarastro en Santander y el de Wotan, en la ópera de Viena en «El Oro del Rhin» y «Las Walquirias» del «Anillo de los Nibelungos», de Wagner. Después volvió al Metropolitan de Nueva York, para cantar el rol de Amonastro en la ópera «Aida», de Verdi, personaje que repitió en las operas de Berlín y Viena. En una versión del concierto de «La Gioconda» de Ponchielli, en el Carnegie Hall de Nueva York, interpretó el papel de Alvise y, en Valencia apareció como Jochanaan de la ópera «Salomé» de Richard Strauss.

Fue invitado de nuevo al Festival de Mayo de Wiesbaden para dar un concierto y un recital junto con otros bajos tenores Kurt Moll y Matti Salminen. Ha participado en otros muchos festivales como los de Weimar, Santander, Munich, Santa Cruz de Tenerife, Detroit, Durban, Nueva York, San Diego, Lucerna, Sao Paulo, Shleswig-Holstein...

En la temporada 2000/2001, entre otros lugares, actuó en la opera de Los Ángeles y Berlín interpretando a Amonastro, en Santander fue Macbeth, en el Gran Teatre del Liceu el Gran Sacerdote de la ópera «Sansón y Dalila», y en Munich encarnará al Barbazul de Bartok, dirigido por Lorin Maazel.



Simón Estes ha recibido menciones honoríficas del Colegio de Sena (Nuevo York), del Luther College (Iowa), de las Universidades de Tulsa (Oklahoma), Drake (Des Moines Iowa) y de Lawrence (Appleton, Wisconsin). El año 1996 recibió la Medalla de Iowa, la mención honorífica más importante de este estado.

Es profesor de la Universidad de Iowa y da clases magistrales por todos los Estados Unidos. Su interés por la juventud le ha impulsado a crear el Fondo Simón Estes de Becas, en la misma Universidad de Iowa; el Fondo Simón y Westella H. Estes de Becas, en el colegio Comunitario de Centerville, la Fundación Simón Estes, en Tulsa, y el Fondo Artístico de Becas Simón Estes de Iowa.
El año 1993 fundó el Fondo Internacional Simón Estes para Niños con la finalidad de ayudar económicamente a la infancia con dificultades económicas y de salud.

Donald Ryan Este sorprendente pianista ha maravillado siempre al público de las principales salas de conciertos de Alemania, Suiza, Polonia, Francia, Austria y los Estados Unidos. Recibió el premio Madeyska del Concurso Chopin, el año 1975 y se puede afirmar que es el único pianista de gran prestigio en el campo de la improvisación musical.

Nació en Trinidad, en las Indias Occidentales, y a los 14 años era un alumno aventajado del Trinity College, de Londres. Ganó muchos premios en diferentes concursos nacionales y fue el pianista de un conocido programa de radio que se podia escuchar en todo el Caribe.
Actúa en conciertos y grabaciones como compositor y arreglista. Su disco de la firma Deutsche Schallplatten y las actuaciones con Simón Estes han obtenido gran éxito de crítica y público. Se le considera un artista de grandes eventos ya que ha actuado ante jefes de gobierno y otros dignatarios.








  La música del Espíritu Santo
Francesc Torralba Roselló, filòsof i teòleg

Desde los orígenes de la cultura occidental, la música ha tenido una función eminentemente comunicativa y expresiva, no sólo en el terreno profano, sino especialmente en el terreno de la experiencia religiosa. San Agustín la entiende como una forma de transcendencia y de apertura a Dios y Arthur Shopenhauer considera que es el arte más sutil y penetrante para captar la Voluntad de vivir que anima todo el mundo de la representación.

De formas diversas, la persona se manifiesta y se comunica con las demás a través de la música. Gracias al lenguaje musical pasa del aislamiento total, cercano al de una persona autista, de la mínima concentración obtenida a través del silencio, de una participación limitada al respeto de las conveniencias sociales, a una comunicación que revela las convicciones personales compartidas con la comunidad, de una adhesión serena, una participación entusiasta que exterioriza lo íntimo de la persona.

Una de las expresiones más bellas del luteranismo en su versión musical es la música Gospel, la de los espirituales negros. A lo largo de la historia, tanto en la Europa antigua como en el Nuevo Mundo, la Reforma se ha mostrado de diferentes maneras y ha dado abundantes frutos, tanto en el terreno de las artes como en el del pensamiento y la economía. Entre las diversas manifestaciones artísticas que encarnan el espíritu de Lutero, una de las expresiones más originales y propias del luteranismo exportada a los Estados Unidos es la producción sacra y artística de los negros metodistas y bautistas.

De entrada, hay que valorar este tipo de música, como una música, esencialmente religiosa que eleva al hombre a los niveles de gratuidad, belleza y unificación del propio yo, de a los que puede surgir un dialogo con el Dios viviente. En efecto, la música espiritual negra es un diálogo abierto y espontáneo entre la comunidad creyente y Dios, es la expresión de un vínculo invisible entre el Creador y el hombre a partir de una palabra compartida sentida en el corazón y expresada directamente hacia Dios.

Desde el punto de vista formal, es una música con la que se invoca la salvación. La consciencia del pecado y de la fragilidad humana es muy profunda en el luteranismo y aún más en el calvinismo. De ahí la necesidad de la fe como motor de la salvación. Mediante la reiteración de determinados versículos del Nuevo Testamento se invoca la gracia de Dios y su acción salvadora. Los movimientos musicales que se dan a partir de esta manifestación artística son en parte estudiados a priori y en parte improvisados. Se parte de la idea teológica de que el Espíritu Santo está presente en el seno de la comunidad y es quien inspira las voces de sus miembros. Por eso, a esta música que aparece en los espacios de improvisación, se ha calificado como la música del Espíritu Santo. La tercera persona de la Trinidad ocupa un lugar preeminente en la visión luterana de Dios y, más allá de los muros, estrictamente institucionales, se expresa de forma libre, como una leve brisa que sopla suavemente.

Generalmente, el desarrollo de los espirituales negros consta de un solista que canta improvisando un verso del Nuevo Testamento, la asamblea lo repite algunas veces y así, estrofa a estrofa, se va creando una atmósfera de creación colectiva. En el mundo luterano, el texto bíblico (sola scriptura) tiene un valor central y la reiteración musicada de determinados fragmentos del libro revelado permite la interiorización de la Palabra de Dios y la plena identificación con ésta. A través del gospel, la devoción hacia Dios se exalta y se hace patente.

En definitiva, el gospel es una expresión artística inseparable del culto protestante, culto que, si, lo comparamos, por ejemplo, con las iglesias ortodoxas, es bastante austero en lo referente a elementos y rituales litúrgicos. Esta presencia tan activa de la música en el luteranismo norteamericano ha dado razones a Taglialateia para distinguir entre "la chiesa cha chanta e una chiesa che non canta", distinción problemática, pero que en cualquier caso pone de manifiesto que, en el luteranismo, la música no es un elemento adventicio o extrínseco, sino una forma de manifestar la gloria de Dios y la fe de la comunidad.