Simón Estes nació en Centerville, Iowa, el año
1938. Su padre era minero del carbón. Tanto él
como su hermano y sus dos hermanas recibieron una educación
profundamente religiosa. Estes se integró en el coro
local de la iglesia bautista como voz soprano, que no cambió
hasta que llegó a la escuela secundaria, debido a lo
que sus facultades vocales estuvieron muy limitadas durante
tres años.
Formó parte del coro de la Universidad de Iowa como tenor.
Inició sus estudios musicales con Charles Kellis, que
recalificó su voz como de bajo barítono, y le
enseñó técnica vocal, dicción y
interpretación.
Hoy Simón Estes es un intérprete de fama internacional.
Ha actuado con las mejores orquestas del mundo, y con directores
de prestigio como Gerd Albrecht, Leonard Bernstein, Gay Bertini,
Myung Whun Chung, James Conlon, Sir Colin Davis, Rafael Frühbeck
de Burgos, Carlo Maria Giulini, James Levine, Lorin Maazel,
Kurt Masur, Zubin Meta, Riccardo Mutti, Seiji Ozawa, Mstislav
Rostopovitch, Esa-Pekka Salonen, Wolfgang Sawallisch, Guiseppe
Sinopoli, sir George Solti, Horts Stein, y Marcello Viotii.
A lo largo de su carrera, Simon Estes ha ofrecido muchas
actuaciones que hoy se consideran históricas. Su triunfal
debut con «El holandés errante» en el festival
de Bayreut, el año 1978, supuso la primera aparición
de un artista de color en este escenario. También fue
el primer Porgy en el Metropolitan en el año 1985 y
el año siguiente, cuando se celebró el centenario
del monumento, cantó con los Boston Pops ante la estatua
de la Libertad. Ha cantado en la Casa Blanca para tres presidentes
americanos y el año 1990 cantó en un servicio
religioso en honor de Nelson Mandela en la iglesia Riverside
de Nueva York, con la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida
por Mstislav Rostopovitx, y el año 1994 cantó
para el arzobispo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz en
la catedral de San Juan el Divino de Nueva York.
Simón Estes ha grabado para Auvidis, Decca, Deutsche
Grammophon, Deutsche Schallplatten, EMI, Philips Classics y
Sony Classical.
En la temporada 1999-2000, interpretó el papel de
Sarastro en Santander y el de Wotan, en la ópera de
Viena en «El Oro del Rhin» y «Las Walquirias»
del «Anillo de los Nibelungos», de Wagner. Después
volvió al Metropolitan de Nueva York, para cantar el
rol de Amonastro en la ópera «Aida», de
Verdi, personaje que repitió en las operas de Berlín
y Viena. En una versión del concierto de «La
Gioconda» de Ponchielli, en el Carnegie Hall de Nueva
York, interpretó el papel de Alvise y, en Valencia
apareció como Jochanaan de la ópera «Salomé»
de Richard Strauss.
Fue invitado de nuevo al Festival de Mayo de Wiesbaden para
dar un concierto y un recital junto con otros bajos tenores
Kurt Moll y Matti Salminen. Ha participado en otros muchos
festivales como los de Weimar, Santander, Munich, Santa Cruz
de Tenerife, Detroit, Durban, Nueva York, San Diego, Lucerna,
Sao Paulo, Shleswig-Holstein...
En la temporada 2000/2001, entre otros lugares, actuó
en la opera de Los Ángeles y Berlín interpretando
a Amonastro, en Santander fue Macbeth, en el Gran Teatre del
Liceu el Gran Sacerdote de la ópera «Sansón
y Dalila», y en Munich encarnará al Barbazul
de Bartok, dirigido por Lorin Maazel.
Simón Estes ha recibido menciones honoríficas
del Colegio de Sena (Nuevo York), del Luther College (Iowa),
de las Universidades de Tulsa (Oklahoma), Drake (Des Moines
Iowa) y de Lawrence (Appleton, Wisconsin). El año 1996
recibió la Medalla de Iowa, la mención honorífica
más importante de este estado.
Es profesor de la Universidad de Iowa y da clases magistrales
por todos los Estados Unidos. Su interés por la juventud
le ha impulsado a crear el Fondo Simón Estes de Becas,
en la misma Universidad de Iowa; el Fondo Simón y Westella
H. Estes de Becas, en el colegio Comunitario de Centerville,
la Fundación Simón Estes, en Tulsa, y el Fondo
Artístico de Becas Simón Estes de Iowa.
El año 1993 fundó el Fondo Internacional Simón
Estes para Niños con la finalidad de ayudar económicamente
a la infancia con dificultades económicas y de salud.
Donald Ryan Este sorprendente pianista ha maravillado siempre
al público de las principales salas de conciertos de
Alemania, Suiza, Polonia, Francia, Austria y los Estados Unidos.
Recibió el premio Madeyska del Concurso Chopin, el
año 1975 y se puede afirmar que es el único
pianista de gran prestigio en el campo de la improvisación
musical.
Nació en Trinidad, en las Indias Occidentales, y a
los 14 años era un alumno aventajado del Trinity College,
de Londres. Ganó muchos premios en diferentes concursos
nacionales y fue el pianista de un conocido programa de radio
que se podia escuchar en todo el Caribe.
Actúa en conciertos y grabaciones como compositor y
arreglista. Su disco de la firma Deutsche Schallplatten y
las actuaciones con Simón Estes han obtenido gran éxito
de crítica y público. Se le considera un artista
de grandes eventos ya que ha actuado ante jefes de gobierno
y otros dignatarios.
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La música
del Espíritu Santo
Francesc Torralba Roselló,
filòsof i teòleg |
Desde los orígenes de la cultura occidental, la música
ha tenido una función eminentemente comunicativa y expresiva,
no sólo en el terreno profano, sino especialmente en
el terreno de la experiencia religiosa. San Agustín la
entiende como una forma de transcendencia y de apertura a Dios
y Arthur Shopenhauer considera que es el arte más sutil
y penetrante para captar la Voluntad de vivir que anima todo
el mundo de la representación.
De formas diversas, la persona se manifiesta y se comunica con
las demás a través de la música. Gracias
al lenguaje musical pasa del aislamiento total, cercano al de
una persona autista, de la mínima concentración
obtenida a través del silencio, de una participación
limitada al respeto de las conveniencias sociales, a una comunicación
que revela las convicciones personales compartidas con la comunidad,
de una adhesión serena, una participación entusiasta
que exterioriza lo íntimo de la persona.
Una de las expresiones más bellas del luteranismo
en su versión musical es la música Gospel, la
de los espirituales negros. A lo largo de la historia, tanto
en la Europa antigua como en el Nuevo Mundo, la Reforma se
ha mostrado de diferentes maneras y ha dado abundantes frutos,
tanto en el terreno de las artes como en el del pensamiento
y la economía. Entre las diversas manifestaciones artísticas
que encarnan el espíritu de Lutero, una de las expresiones
más originales y propias del luteranismo exportada
a los Estados Unidos es la producción sacra y artística
de los negros metodistas y bautistas.
De entrada, hay que valorar este tipo de música, como
una música, esencialmente religiosa que eleva al hombre
a los niveles de gratuidad, belleza y unificación del
propio yo, de a los que puede surgir un dialogo con el Dios
viviente. En efecto, la música espiritual negra es
un diálogo abierto y espontáneo entre la comunidad
creyente y Dios, es la expresión de un vínculo
invisible entre el Creador y el hombre a partir de una palabra
compartida sentida en el corazón y expresada directamente
hacia Dios.
Desde el punto de vista formal, es una música con
la que se invoca la salvación. La consciencia del pecado
y de la fragilidad humana es muy profunda en el luteranismo
y aún más en el calvinismo. De ahí la
necesidad de la fe como motor de la salvación. Mediante
la reiteración de determinados versículos del
Nuevo Testamento se invoca la gracia de Dios y su acción
salvadora. Los movimientos musicales que se dan a partir de
esta manifestación artística son en parte estudiados
a priori y en parte improvisados. Se parte de la idea teológica
de que el Espíritu Santo está presente en el
seno de la comunidad y es quien inspira las voces de sus miembros.
Por eso, a esta música que aparece en los espacios
de improvisación, se ha calificado como la música
del Espíritu Santo. La tercera persona de la Trinidad
ocupa un lugar preeminente en la visión luterana de
Dios y, más allá de los muros, estrictamente
institucionales, se expresa de forma libre, como una leve
brisa que sopla suavemente.
Generalmente, el desarrollo de los espirituales negros consta
de un solista que canta improvisando un verso del Nuevo Testamento,
la asamblea lo repite algunas veces y así, estrofa
a estrofa, se va creando una atmósfera de creación
colectiva. En el mundo luterano, el texto bíblico (sola
scriptura) tiene un valor central y la reiteración
musicada de determinados fragmentos del libro revelado permite
la interiorización de la Palabra de Dios y la plena
identificación con ésta. A través del
gospel, la devoción hacia Dios se exalta y se hace
patente.
En definitiva, el gospel es una expresión artística
inseparable del culto protestante, culto que, si, lo comparamos,
por ejemplo, con las iglesias ortodoxas, es bastante austero
en lo referente a elementos y rituales litúrgicos.
Esta presencia tan activa de la música en el luteranismo
norteamericano ha dado razones a Taglialateia para distinguir
entre "la chiesa cha chanta e una chiesa che non canta",
distinción problemática, pero que en cualquier
caso pone de manifiesto que, en el luteranismo, la música
no es un elemento adventicio o extrínseco, sino una
forma de manifestar la gloria de Dios y la fe de la comunidad.
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