Diumenge 1 juliol
22.30 h / Escales de la Catedral
 
Ensemble Nesidu-L-Huda (Bòsnia)
Mensud Varaki, veu / Mensud Basic, veu solista i daf / Mirsad Varaki, veu solista i daf / Samir Varaki, veu i daf / Nihad Zukorlic, veu / Mehdija Bugari, veu / Faris Pecar, veu / Eniz Ahmespahic, veu i daf / Zijad Hadzifejzovic, veu i daf / Mehmed Bajraktarevic, director
 


En el año 1985, y asumiendo lo más profundo de la herencia secular de armonía y tolerancia entre las diversas creencias religiosas del Bosnia, se creó en Sarajevo el coro sufí masculino Nesidu-L-Huda, bajo la dirección de Mehmed Bajrakterevic. Obligados a vivir en un contexto extremadamente difícil, nunca han dejado de cantar a su fe.

Marcado por la tradición popular de los Balcanes, mucho más antigua pero también más familiar a nuestro oído, el sonido de las voces es básicamente oriental, testimonio del largo periodo de presencia turca. Los cantos alternan las composiciones de los grandes poetas persas, Rumi y Hafez, poemas sufís turcos, algunos traducidos al bosnio y adaptados a las formas clásicas ilahijas- himnos de alabanza a Dios- o las kasidas- baladas que evocan la vida ejemplar del profeta Mahoma.

Ensemble Nesidu-I-Huda Se fundó en el año 1985 y dadas las circunstancias políticas del momento, se presentó como un coro de jóvenes de Sarajevo, hasta que el año, 1990, después de la caída del régimen comunista, se reabrió oficialmente la mezquita de Tabatchki en Sarajevo, donde los componentes del grupo habían recibido su formación y se reunían regularmente. En este momento el grupo adoptó el nombre de Ensemble Nesidu-I-Huda, que significa «Instrucción Divina», o «Aviso de Dios», como homenaje al ilahiya, Hafiz Senad Podojak, uno de los mejores cantores y estudiosos del Corán en Bosnia.

Actualmente, sólo quedan tres de los miembros fundadores: los hermanos Mensur y Ridwan Varaki, principales impulsores del repertorio, y Fariz Pecar, gran conocedor del contexto histórico y cultural del Islam en Bosnia. Los otros fundadores, o murieron durante la guerra, o han dejado el grupo. A partir del 1990 se incorporaron Mensud Basic, Samir Varaki, Suad Zadic y Hafiz Podojak, mientras que el resto lo hizo durante la guerra.

El repertorio básico del Ensemble Nesidu-I-Huda fue una aportación de los hermanos Varaki, ya que su abuelo era un derviche rufa'i y el padre asistía frecuentemente a la tekiyye, aunque sin ser derviche ya que ello no era posible en el ambiente social de la época comunista.

Finalizada la guerra que asoló el país, entre otros encuentros en los que pudieron mostrar la importante dimensión de una cultura como la de Bosnia, fundada sobre la tradición espiritual islámica y la herencia cultural occidental, el grupo fue invitado a actuar en el extranjero, en el Festival de Teherán, el año 1995, en el festival de La Bâtie, en Ginebra, el año siguiente y en el Festival de Músicas Religiosas de Fez.

La actual Bósnia-Herzegovina, se circunscribe a los mismos límites del territorio homónimo que formó parte del imperio austrohúngaro (1879-1918). El año 1919, después de la Primera Guerra Mundial, se integró al reino de los serbios, croatas y eslovenos, de donde surgiría Yugoslavia, hasta que el año 1946 fue una de las seis repúblicas federales que integrarían la República Popular Federal de Yugoslavia. Al final de la guerra de 1992-1995 recuperó su independencia.

Los cuatro siglos de dominación turca de Bosnia-Herzegovina (1463-1878) comportaron la islamización de gran parte de la población, ya fuera rural o urbana. Ello generó cambios profundos en su cultura: la orfebrería, la confección de tapices, los trabajos y confección de la piel son actividades que tienen un peso específico importante, al igual que la arquitectura y el urbanismo, en particular la construcción de numerosas mezquitas, tekiyye (conventos o centros de reunión de derviches) escuelas y bibliotecas, en Sarajevo.

Desde finales del siglo XV, la islamización de Bosnia favoreció la implantación de numerosas ordenes sufís, que, a pesar de que durante el régimen comunista fueron condenadas a la semiclandestinidad, estuvieron presentes y activas hasta hoy en día. Destacan las rifâ'iyya, las qâdiriyya, las naqshbandiya, y las mawlawiyya.

La lengua que hablan los bosnios es el servocroata, que se diferencia ligeramente de la de sus vecinos por la adopción de muchos nombres y locuciones de origen turco, pero también del árabe y del persa. En lo referente a la escritura, el alfabeto cirílico se usa para la correspondencia privada mientras que los caracteres árabes se utilizaban para la redacción de textos literarios y poéticos.

A partir del año 1930, se ha generalizado la utilización del alfabeto latino.




  Música sufí, música de la experiencia
Víctor Pallejà de Bustinza, professor de la UOC


Siempre y en todo el Islam, la canción, junto con la poesía y la prosa rimada, són la forma natural de todo acto comunicativo: sin musicalidad, no hay verdadera palabra. Así pues, junto con todas las culturas tradicionales, todos pensamos que nada serio puede ser transmitido omitiendo el hablar armónico.

Objeto de una gran reverencia y estima, la música es a la vez una fuerza temible y peligrosa. Su gran ambigüedad ha hecho que no haya sido nunca un acto banal. Es decir, el qué, el cómo, cuando y quién de la música dentro del Islam es un debate que ha ocupado y ocupa todavía las mejores inteligencias de una cultura sutil y decantada a la polémica como pocas. Particularmente, su uso religioso ha sido motivo de graves discusiones. No obstante, hasta la llegada del puritanismo al poder - signo distintivo de los tiempos modernos - los partidarios de su expulsión de la vida espiritual siempre han sido vencidos. Esto sí, una vez reconocido que la virtud de la música es real a pesar de que depende de la actitud ética de quien la escucha, casi siempre han sido aceptadas ciertas limitaciones . La auténtica música sufi, por tanto, se encuentra estrictamente sometida a los principios establecidos por una tradición de maestros. Sin recibir sus enseñanzas, es imposible acceder a su sentido profundo.

Las cofradías sufis convertido la vigilancia de estos principios en la justificación de incompatibles prácticas musicales. La visión positiva de los efectos de la música y la poesía, són el resultado de la actitud optimista hacia la vida, la experiencia de una religiosidad alegre dispuesta a admitir ciertas ambigüedades y riesgos reales. La separación entre música profana y sacra ha sido establecida de otra manera, buscando conscientemente el establecimiento de puentes entre la una y la otra.

Durante muchos siglos, antes y después de la llegada de numerosos pueblos al bello Oriente medio, la música y la poesía árabes, embellecidas con sonidos iraníes y sabores turcos, dio lugar a una gran variedad de músicas. Alrededor del siglo X, acontece un fenómeno extraordinario, casi inexplicable: de pronto todo el mundo se pone a cantar la exaltación del amor como experiencia vital. En los siglos XII y XIII y gracias a las cofradías, esta música provocadora, se extiende por todo el Islam.

¿Que fué lo que condujo a príncipes, filósofos, gente de la calle y la plebe alabar la vivencia personal del amor total? El amor absoluto llevado a una persona o a una realidad concretas, era una vivencia casi desconocida, más aún si el objeto de devoción era humano, y todavía más si era femenino. Hasta entonces, en todas las sociedades. lo único absoluto era de orden divino, intocable, y en el mundo no podía existir nada tan accesible. El amor loco, representado por Majnûn -que quiere decir precisamente "loco" - consiste en amar sin límites a Layla - "Noche"-, perdiendo el control sobre lo que se hace y dice: un individuo que sólo vive pensando y cantando a su amada, rechazando las normas sociales. A pesar de la sofisticación de las metáforas explicativas y de todas las justificaciones imaginables buscadas ahora y antes, ciertas circunstancias concretas llevaron de repente al amor extático a ocupar un lugar privilegiado dentro del Islam y de otras civilizaciones cercanas, cambiando el orden social, dejando todo el mundo perplejo.

En el límite de lo permitido, de la ambigüedad a veces calculada - y en algunos pocos casos no tanto - esta música representa una aspiración a manifestar y hacer participar de uno de aquellos momentos donde llega la hora de la verdad (al-haqîqa). Es por esto que los hombres de las cofradías, el sufi (mutasawwif, en árabe), se llama a él mismo "hombre de experiencia" (dhû'-wajd), "hijo del instante" (ibn al-waqt).

Caminado desde Oriente hacia Occidente, los qawwalî - cantantes - en la India y en Paquistán, como Faiz Ali Faiz & Rehmat Ali Qawwals, son los continuadores de una tradición musical extremadamente rica, inscrita en las costumbres de las cortes de los grandes sultanes y de las fiestas musulmanas; las normas de comportamiento de la realeza y el contacto con la divinidad mantienen siempre un gran paralelismo.

Las conmemoraciones de la muerte de un hombre santo, llamado "amigo" (walí), son muy importantes dentro del repertorio sufi. La celebración musical, llamada sama' - es decir: "escucha"- forma parte de un conjunto de actividades devotas más amplias. Empezando por unas alabanzas a Dios, siempre en árabe, persa y urdu -entre otras lenguas del sur de Asia, los diálogos entre la voz y los instrumentos van sucediendose en una escalada discontinua de intensidad. Con la exaltación divina, el tema permanente del amor tiene un objeto único, Dios, y una gran diversidad de sujetos, representando todos la belleza absoluta. La improvisación forma parte del acceso a un estado de éxtasis, donde todo se puede decir, la presencia de la verdad, así lo justifica.

El maestro -sheik- Barrayn, es un maddâh, un cantante de este tipo de repertorio del Alto Egipto, como Faiz Ali Faiz, es un qawwâlî, en la India; sus nombres son diferentes, pero lo esencial de su música es muy cercano.

Su género particular són las "alabanzas", compilación de historias del Profeta Muhammad y descripciones de las virtudes y poderes sobrenaturales de los santos o "amigos de Dios", así como temas sobre el amor cantados en árabe clásico un poco simplificado. Esta música es conocida, como mínimo, desde el tiempo del famoso Saladí.

Sheik Barrayn ha estudiado, en la misma Universidad de Al-Azhar de El Cairo la venerable tradición del Alto Egipto (Sa'îd), que combina admirablemente el gusto popular con el conocimiento más profundo del Corán y los usos musulmanes más ortodoxos, hecho completamente normal tratándose de sufismo.

El tambor, el timbal y el pandero le acompañan, como los cambios de tono, el serio y la anécdota, la sinceridad y la exaltación musical, llamada tarab: la verdadera emoción.

El conjunto Neshidu'l-Huda, es un ejemplo de las tradiciones otomanas enraizadas durante siglos en los países balcánicos. Hoy, la supervivencia heroica de esta cultura musical conmueve profundamente por su obertura tradicional, donde las composiciones de los poetas de valor universal como los persas Rûmî y Hâfiz - que tanto gustaban a los otomanos- son cantadas al lado de poetas árabes, turcos, bosnios y albaneses.

Con el sólo acompañamiento de los tambores, las voces cantan al unísono o a modo responso, el zikr - del árabe dikr, recordatorio, invocación a Dios. Sólo muy recientemente esta música extática ha salido al mundo, gracias a la autorización especial, después de persecuciones y rompiendo la reserva normativa a salir de las cofradías. Estas audiciones son, no hace falta decirlo, un extraordinario privilegio.