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En el año 1985, y asumiendo lo más profundo
de la herencia secular de armonía y tolerancia entre
las diversas creencias religiosas del Bosnia, se creó
en Sarajevo el coro sufí masculino Nesidu-L-Huda, bajo
la dirección de Mehmed Bajrakterevic. Obligados a vivir
en un contexto extremadamente difícil, nunca han dejado
de cantar a su fe.
Marcado por la tradición popular de los Balcanes,
mucho más antigua pero también más familiar
a nuestro oído, el sonido de las voces es básicamente
oriental, testimonio del largo periodo de presencia turca.
Los cantos alternan las composiciones de los grandes poetas
persas, Rumi y Hafez, poemas sufís turcos, algunos
traducidos al bosnio y adaptados a las formas clásicas
ilahijas- himnos de alabanza a Dios- o las kasidas- baladas
que evocan la vida ejemplar del profeta Mahoma.
Ensemble Nesidu-I-Huda Se fundó en el año 1985
y dadas las circunstancias políticas del momento, se
presentó como un coro de jóvenes de Sarajevo,
hasta que el año, 1990, después de la caída
del régimen comunista, se reabrió oficialmente
la mezquita de Tabatchki en Sarajevo, donde los componentes
del grupo habían recibido su formación y se
reunían regularmente. En este momento el grupo adoptó
el nombre de Ensemble Nesidu-I-Huda, que significa «Instrucción
Divina», o «Aviso de Dios», como homenaje
al ilahiya, Hafiz Senad Podojak, uno de los mejores cantores
y estudiosos del Corán en Bosnia.
Actualmente, sólo quedan tres de los miembros fundadores:
los hermanos Mensur y Ridwan Varaki, principales impulsores
del repertorio, y Fariz Pecar, gran conocedor del contexto
histórico y cultural del Islam en Bosnia. Los otros
fundadores, o murieron durante la guerra, o han dejado el
grupo. A partir del 1990 se incorporaron Mensud Basic, Samir
Varaki, Suad Zadic y Hafiz Podojak, mientras que el resto
lo hizo durante la guerra.
El repertorio básico del Ensemble Nesidu-I-Huda fue
una aportación de los hermanos Varaki, ya que su abuelo
era un derviche rufa'i y el padre asistía frecuentemente
a la tekiyye, aunque sin ser derviche ya que ello no era posible
en el ambiente social de la época comunista.
Finalizada la guerra que asoló el país, entre
otros encuentros en los que pudieron mostrar la importante
dimensión de una cultura como la de Bosnia, fundada
sobre la tradición espiritual islámica y la
herencia cultural occidental, el grupo fue invitado a actuar
en el extranjero, en el Festival de Teherán, el año
1995, en el festival de La Bâtie, en Ginebra, el año
siguiente y en el Festival de Músicas Religiosas de
Fez.
La actual Bósnia-Herzegovina, se circunscribe a los
mismos límites del territorio homónimo que formó
parte del imperio austrohúngaro (1879-1918). El año
1919, después de la Primera Guerra Mundial, se integró
al reino de los serbios, croatas y eslovenos, de donde surgiría
Yugoslavia, hasta que el año 1946 fue una de las seis
repúblicas federales que integrarían la República
Popular Federal de Yugoslavia. Al final de la guerra de 1992-1995
recuperó su independencia.
Los cuatro siglos de dominación turca de Bosnia-Herzegovina
(1463-1878) comportaron la islamización de gran parte
de la población, ya fuera rural o urbana. Ello generó
cambios profundos en su cultura: la orfebrería, la
confección de tapices, los trabajos y confección
de la piel son actividades que tienen un peso específico
importante, al igual que la arquitectura y el urbanismo, en
particular la construcción de numerosas mezquitas,
tekiyye (conventos o centros de reunión de derviches)
escuelas y bibliotecas, en Sarajevo.
Desde finales del siglo XV, la islamización de Bosnia
favoreció la implantación de numerosas ordenes
sufís, que, a pesar de que durante el régimen
comunista fueron condenadas a la semiclandestinidad, estuvieron
presentes y activas hasta hoy en día. Destacan las
rifâ'iyya, las qâdiriyya, las naqshbandiya, y
las mawlawiyya.
La lengua que hablan los bosnios es el servocroata, que se
diferencia ligeramente de la de sus vecinos por la adopción
de muchos nombres y locuciones de origen turco, pero también
del árabe y del persa. En lo referente a la escritura,
el alfabeto cirílico se usa para la correspondencia
privada mientras que los caracteres árabes se utilizaban
para la redacción de textos literarios y poéticos.
A partir del año 1930, se ha generalizado la utilización
del alfabeto latino.
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Música
sufí, música de la experiencia
Víctor Pallejà
de Bustinza, professor
de la UOC |
Siempre y en todo el Islam, la canción, junto con la
poesía y la prosa rimada, són la forma natural
de todo acto comunicativo: sin musicalidad, no hay verdadera
palabra. Así pues, junto con todas las culturas tradicionales,
todos pensamos que nada serio puede ser transmitido omitiendo
el hablar armónico.
Objeto de una gran reverencia y estima, la música
es a la vez una fuerza temible y peligrosa. Su gran ambigüedad
ha hecho que no haya sido nunca un acto banal. Es decir, el
qué, el cómo, cuando y quién de la música
dentro del Islam es un debate que ha ocupado y ocupa todavía
las mejores inteligencias de una cultura sutil y decantada
a la polémica como pocas. Particularmente, su uso religioso
ha sido motivo de graves discusiones. No obstante, hasta la
llegada del puritanismo al poder - signo distintivo de los
tiempos modernos - los partidarios de su expulsión
de la vida espiritual siempre han sido vencidos. Esto sí,
una vez reconocido que la virtud de la música es real
a pesar de que depende de la actitud ética de quien
la escucha, casi siempre han sido aceptadas ciertas limitaciones
. La auténtica música sufi, por tanto, se encuentra
estrictamente sometida a los principios establecidos por una
tradición de maestros. Sin recibir sus enseñanzas,
es imposible acceder a su sentido profundo.
Las cofradías sufis convertido la vigilancia de estos
principios en la justificación de incompatibles prácticas
musicales. La visión positiva de los efectos de la
música y la poesía, són el resultado
de la actitud optimista hacia la vida, la experiencia de una
religiosidad alegre dispuesta a admitir ciertas ambigüedades
y riesgos reales. La separación entre música
profana y sacra ha sido establecida de otra manera, buscando
conscientemente el establecimiento de puentes entre la una
y la otra.
Durante muchos siglos, antes y después de la llegada
de numerosos pueblos al bello Oriente medio, la música
y la poesía árabes, embellecidas con sonidos
iraníes y sabores turcos, dio lugar a una gran variedad
de músicas. Alrededor del siglo X, acontece un fenómeno
extraordinario, casi inexplicable: de pronto todo el mundo
se pone a cantar la exaltación del amor como experiencia
vital. En los siglos XII y XIII y gracias a las cofradías,
esta música provocadora, se extiende por todo el Islam.
¿Que fué lo que condujo a príncipes,
filósofos, gente de la calle y la plebe alabar la vivencia
personal del amor total? El amor absoluto llevado a una persona
o a una realidad concretas, era una vivencia casi desconocida,
más aún si el objeto de devoción era
humano, y todavía más si era femenino. Hasta
entonces, en todas las sociedades. lo único absoluto
era de orden divino, intocable, y en el mundo no podía
existir nada tan accesible. El amor loco, representado por
Majnûn -que quiere decir precisamente "loco"
- consiste en amar sin límites a Layla - "Noche"-,
perdiendo el control sobre lo que se hace y dice: un individuo
que sólo vive pensando y cantando a su amada, rechazando
las normas sociales. A pesar de la sofisticación de
las metáforas explicativas y de todas las justificaciones
imaginables buscadas ahora y antes, ciertas circunstancias
concretas llevaron de repente al amor extático a ocupar
un lugar privilegiado dentro del Islam y de otras civilizaciones
cercanas, cambiando el orden social, dejando todo el mundo
perplejo.
En el límite de lo permitido, de la ambigüedad
a veces calculada - y en algunos pocos casos no tanto - esta
música representa una aspiración a manifestar
y hacer participar de uno de aquellos momentos donde llega
la hora de la verdad (al-haqîqa). Es por esto que los
hombres de las cofradías, el sufi (mutasawwif, en árabe),
se llama a él mismo "hombre de experiencia"
(dhû'-wajd), "hijo del instante" (ibn al-waqt).
Caminado desde Oriente hacia Occidente, los qawwalî
- cantantes - en la India y en Paquistán, como Faiz
Ali Faiz & Rehmat Ali Qawwals, son los continuadores de
una tradición musical extremadamente rica, inscrita
en las costumbres de las cortes de los grandes sultanes y
de las fiestas musulmanas; las normas de comportamiento de
la realeza y el contacto con la divinidad mantienen siempre
un gran paralelismo.
Las conmemoraciones de la muerte de un hombre santo, llamado
"amigo" (walí), son muy importantes dentro
del repertorio sufi. La celebración musical, llamada
sama' - es decir: "escucha"- forma parte de un conjunto
de actividades devotas más amplias. Empezando por unas
alabanzas a Dios, siempre en árabe, persa y urdu -entre
otras lenguas del sur de Asia, los diálogos entre la
voz y los instrumentos van sucediendose en una escalada discontinua
de intensidad. Con la exaltación divina, el tema permanente
del amor tiene un objeto único, Dios, y una gran diversidad
de sujetos, representando todos la belleza absoluta. La improvisación
forma parte del acceso a un estado de éxtasis, donde
todo se puede decir, la presencia de la verdad, así
lo justifica.
El maestro -sheik- Barrayn, es un maddâh, un cantante
de este tipo de repertorio del Alto Egipto, como Faiz Ali
Faiz, es un qawwâlî, en la India; sus nombres
son diferentes, pero lo esencial de su música es muy
cercano.
Su género particular són las "alabanzas",
compilación de historias del Profeta Muhammad y descripciones
de las virtudes y poderes sobrenaturales de los santos o "amigos
de Dios", así como temas sobre el amor cantados
en árabe clásico un poco simplificado. Esta
música es conocida, como mínimo, desde el tiempo
del famoso Saladí.
Sheik Barrayn ha estudiado, en la misma Universidad de Al-Azhar
de El Cairo la venerable tradición del Alto Egipto
(Sa'îd), que combina admirablemente el gusto popular
con el conocimiento más profundo del Corán y
los usos musulmanes más ortodoxos, hecho completamente
normal tratándose de sufismo.
El tambor, el timbal y el pandero le acompañan, como
los cambios de tono, el serio y la anécdota, la sinceridad
y la exaltación musical, llamada tarab: la verdadera
emoción.
El conjunto Neshidu'l-Huda, es un ejemplo de las tradiciones
otomanas enraizadas durante siglos en los países balcánicos.
Hoy, la supervivencia heroica de esta cultura musical conmueve
profundamente por su obertura tradicional, donde las composiciones
de los poetas de valor universal como los persas Rûmî
y Hâfiz - que tanto gustaban a los otomanos- son cantadas
al lado de poetas árabes, turcos, bosnios y albaneses.
Con el sólo acompañamiento de los tambores,
las voces cantan al unísono o a modo responso, el zikr
- del árabe dikr, recordatorio, invocación a
Dios. Sólo muy recientemente esta música extática
ha salido al mundo, gracias a la autorización especial,
después de persecuciones y rompiendo la reserva normativa
a salir de las cofradías. Estas audiciones son, no
hace falta decirlo, un extraordinario privilegio.
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