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Ensemble Naguila como resultado de la recopilación
de una serie de cánticos de sinagogas patrocinada por
la asociación Mosaique Musiques, de Montpellier y región,
con la ayuda de la Direction Régionale des Affaires
Culturelles du Languedoc-Roussillon (DRAC) y del Centre des
Musiques et Danses Traditionnelles du Languedoc, el Ensemble
Naguila ha creado un programa de concierto destinado a dar
a conocer al público la riqueza de este patrimonio
cultural.
En las bodas y en otro tipo de celebraciones abiertas, el
grupo interpreta composiciones populares como los muwashahat
en árabe clásico o en sefardí. En definitiva,
constituye un viaje musical que explica la historia de un
pueblo con sus alegrías, sus tristezas, emociones,
la vida, la muerte, su memoria de lo universal.
Como símbolo de fraternidad y coexistencia pacífica,
el Ensemble Naguila, esta integrado por dos músicos
judíos y dos musulmanes.
Andre Taïeb, nacido en Argelia, es cantor de la sinagoga
de Montpellier. Fue iniciado en el arte del malouf de Costantina
por el maestro Cheik Raymond, gran figura de la música
araboandalusí del este de Argelia. (En la música
litúrgica judía, el hazan- cantor y el paytan
son el centro del ritual para conseguir un efecto emocional
más intenso de las plegarias). Sus cantos siguen estrictamente
la auténtica tradición sefardita.
Kamal Barrada realizó sus estudios musicales en el
conservatorio de Fez, y trabajó con El Rais, el gran
maestro de la música araboandalusí. Forma parte
de diversos grupos de música medieval y acompaña
frecuentemente al gran músico Hazane Haïm Louk.
Mohamed Zeftari. Nació en Salé (Marruecos)
en el seno de una familia de músicos. Recibió
el premio de honor y el primer premio del Conservatorio Nacional
de Rabat. Estudió música araboandalusí
y oriental con los maestros Agel Fatah Ben Youssef y Mohamed
Al Gazi. Suele acompañar a grandes figuras de la canción
oriental como Sabah Fakhi y Wadii Al Safi.
Pierre-Luc Bensoussan realizó sus estudios musicales
de jazz en el conservatorio de Marsella y en el Berklee College
of Music de Boston. Ha estudiado percusión oriental
con el maestro Adel Shams El Din y es el fundador del Ensemble
Naguila.
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La música
judía y la diáspora
Josep Maria Vilar,
musicòleg |
Después de la destrucción de Jerusalén,
los judíos en la diáspora no sólo no
abandonaron la composición musical, sino que sus composiciones
mostraron, en general, una gran predisposición al préstamo
cultural y estilístico, a mezclarse íntimamente
con las músicas propias de las zonas donde se asentaron
en su exilio, y a integrar las aportaciones en unas músicas
cuyo estilo muestra abiertamente el espíritu de síntesis
que se convierte en una de las características esenciales
de la música de los judíos (término más
correcto que el de música judía). Característica,
absolutamente alejada de la imagen de aislamiento y marginación
social a la que, en tantos lugares, fueron relegados todos
los que mostraron esta actitud musical. Es este un proceso
de interdependencia musical que en temas estéticos
y estilísticos revela una destacada capacidad para
transitar las fronteras de la propia cultura, para progresar
hacia una zona de trasvases estéticos en la que, sobre
todo en lo referente al terreno de los estilos musicales y
sin que ello represente ninguna amenaza para la propia identidad
cultural, se puede interactuar con otros grupos y generar
interesantes y enriquecedores procesos de hibridación
cultural y de intercambio musical.
Probablemente la música de Klezmer y las canciones
profanas de los judíos ibéricos gestadas en
la época del Renacimiento se cuentan entre las manifestaciones
más reconocidas de esta hibridación. La que
presenta el Naguila Ensemble es de otra muestra de ello. En
ésta los intercambios y hibridaciones se mueven a diferentes
niveles como son el proceso de formación del repertorio,
su evolución en el Magreb, su viaje a Francia y las
aportaciones individuales de sus miembros.
La base del repertorio del grupo - que se puede encontrar
en el disco Chants Mystiques Séfarades (l'Emprente
Digitale ED 13118) es la música religiosa de los judíos
establecidos en el Magreb y especialmente en Argelia y Marruecos.
El año 1492, las comunidades judías de la Península
Ibérica fueron expulsadas por los Reyes Católicos,
el mismo año en que también expulsaron a los
últimos musulmanes de religión y de origen norteafricano.
El resultado de la nueva diáspora judía fue
la diseminación de los sefardíes - Sefarad era
la Península Ibérica para los judíos
de la diáspora - esencialmente por las naciones de
la cuenca mediterránea. Hasta aquel momento, y durante
unos siglos, estas comunidades, habían convivido con
la música propia de los reinos musulmanes de la Península
Ibérica, la denominada música andalusí,
que ha mantenido sus rasgos estilísticos esenciales
y distintivos en el Norte de África, zona a la que
emigraron mayoritariamente los musulmanes expulsados en el
año 1492. Así fue como aquellas músicas
religiosas que los cantores serfarditas y los poetas músicos
religiosos conocidos como paytan habían copmpuesto
a lo largo de los siglos combinando textos devocionales judíos
y formas melódicas y métricas, ya fueran vocales
o instrumentales de la canción árabe popular
de la España musulmana, emigraron con ellos al Magrib.
Allá, en un contexto de proximidad cultural con otras
músicas- musulmanas éstas- de raíz igualmente
andalusí, se han conservado. La presencia de esta música
de sinagoga estilísticamente cercana a los árabes,
que constituyen su entorno más inmediato, tiene especial
relevancia en las ciudades argelinas como Tlemcen y Constantina.
Tampoco podemos olvidar a aquéllos a los que el exilio
dispersó hasta los Balcanes, el Nuevo Mundo o Oriente,
donde este estilo no encontró las condiciones necesarias
que garantizan su perdurabilidad.
Las grabaciones de este repertorio proveniente de las sinagogas
norteafricanas realizados a lo largo del siglo XX, revelan
no tan solo la presencia de tradiciones diferenciadas en el
norte y el sur de Marruecos, sino también una serie
de influencias que tienen su marco general en los movimientos
de población y la descolonización de Africa
en el siglo XX. Estos fenómenos sociales han comportado
nuevos cambios, menores sin duda, para una música que
desde el siglo XV, a través de las influencias nórdicas
y de las comunidades judías de cultura asquenazí,
con las que entraron en contacto a través de Francia,
ha sido cultivada, ha crecido y renovado su repertorio.
En los años 60 y como resultado del proceso de descolonización
del Magreb, muchos sefardíes norteafricanos se desplazaron
a Francia. Allí- siguiendo esa tendencia consuatancial
de la música de los judíos al mestizaje y a
la amalgama con las músicas locales- se relacionaron
tanto con las comunidades judías, como con los norteafricanos
de origen y musulmanes de cultura y de religión, con
los cuales compartían el origen y el estilo, lo que
generó una amalgama especialmente fácil e intensa.
En este contexto, se configura el Naguila Ensemble, integrado
por cuatro músicos que no sólo aportan su historial
sefardita, musulmán y norteafricano, sino también
formaciones académicas tan diversas como la del Berklee
College of Music de Boston o la propia de los conservatorios
marroquíes y los consiguientes nuevos estratos estilísticos
que se sobreponen a la propia tradición con la que
encajan a la perfección alumbrando un producto que,
así transciende definitivamente del estricto ámbito
cultural propio y se dirige a todo el mundo al convertirse
en verdadera World Music.
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