Scola Gregoriana Brugensis fue fundada el año 1970 por
Roger Deruwe, organista de la catedral de Brujas, con la intención
de reunir a algunos cantantes para las misas solemnes de la
catedral.
Más tarde fundó una escuela dedicada al estudio
del canto gregoriano. En el año 1974, se realizó
la primera salida de estudios a Siolesmes y el primer concierto
fuera del recinto de la catedral. En 1979, la Scola participó
por primera vez en el Festival de Flandes y a partir de ese
momento fue invitada en cada edición. Además
participó en otros festivales como los de Mosan, Bregens,
Bourgogne, Avignon, París, Salzburgo, Madrid, Donostia,
Santander, Palma de Mallorca y Cuenca. Ha realizado giras
por Holanda, Inglaterra y Suiza.
La Scola colabora normalmente con los servicios religiosos
de radio y televisión retransmitidos por la BRT, RTB,
France Musique, RTVE y la televisión del País
Vasco. Ha realizado cuatro grabaciones discográficas.
Su estilo esta inspirado en el trabajo de investigación
y en la práctica de los monjes de Solesmes. Uno de
los objetivos de la Scola es contribuir al descubrimiento
y la potenciación de la música georgiana como
tesoro artístico de la Iglesia y base de la cultura
musical de la Europa occidental. La Scola no considera el
gregoriano como un arte petrificado por el paso del tiempo,
sino que, por el contrario, interpreta cada uno de los cantos
medievales como piezas vivas y intenta mantener esta gran
riqueza cultural en su entorno original: los servicios religiosos
y los eucarísticos.
Roger Deruwe Estudió música en los conservatorios
de Brujas y Gante, donde obtuvo los primeros premios en armonía,
contrapunto, fuga, historia de la música y el premio
especial de órgano. Fue organista de la iglesia de
San Jaime, de la basílica de la Santa Sangre, y titular
de la catedral de Brujas.
Durante treinta años dirigió el grupo a capella
Brugeois Veremanskoor, con el cual celebró las grandes
fiestas litúrgicas en la catedral, y conciertos en
toda Europa y Sudáfrica. El año 1970, su inquietud
por la conservación y la revalorización del
canto gregoriano lo impulsó a la creación de
la Scola Gregoriana y a destinarla al servicio de las grandes
misas semanales de la catedral de Brujas. Como organista ha
realizado recitales en Francia, Alemania y Austria.
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El canto
gregoriano y la liturgia cristiana latina
Joaquim Garrigosa,
Musicòleg i director del Conservatori de Vila-seca. |
El canto gregoriano constituye una de las mayores aportaciones
de la cultura de Occidente al patrimonio musical de la humanidad.
A pesar de ello, su estética no se puede explicar partiendo
de los parámetros habituales, a los que solemos referirnos
en música si no se tiene presente la estrecha relación
entre el Canto Gregoriano y la liturgia cristiana latina. En
realidad, los autores del canto gregoriano crearon unas melodías
cuyo principal objetivo era convertirse en vehículo de
unos textos religiosos, y por tanto de una expresividad muy
concreta. Si lo analizamos desde una perspectiva actual descubriremos
que esta es la razón por la que el canto gregoriano une
a su característica austeridad una expresividad única
que viene definida por el texto al que acompaña y por
la prosodia que este concede al discurso rítmico.
Se ha comentado ampliamente el ritmo libre del canto gregoriano,
cuando en realidad tendríamos que referirnos a un cursus
del texto que traba la melodía con la finalidad de resaltar
su cadencia poética. Precisamente en este punto, radica
uno de los secretos más importantes de su interpretación:
la sutileza de los neumas, los alargamientos y la cadencia de
los melismos, que tan sólo pueden ser interpretados a
la luz de la comprensión del texto. También la
expresividad que en cada momento hay que darle al canto está
en estrecha relación con el sentido otorgado a cada palabra,
a cada frase y a cada censura de un texto.
La aparente monotonía de este género musical
se rompe tan solo con el contraste que surge de la alternancia
al confrontar el coro con la schola en las antífonas
y los versículos de las diferentes piezas. Igualmente,
el contraste es importante cuando las obras tienen un tratamiento
marcadamente textual o más melódico: en los
cantos responsoriales, la continuidad silábica de los
himnos se ve modificada cuando los neumas dan mayor relieve
a la melodía. A pesar de ello es en los cantos melismáticos
donde la expresividad musical puede llegar a extremos insospechados,
principalmente en los cantos de la liturgia de Navidad y Pascua.
Es entonces cuando en la expresión de la alabanza y
la alegría, el compositor trasmite toda la transcendencia
del mensaje cristiano.
Tal como demuestran los restos de los códices conservados,
la liturgia romana - y el canto gregoriano- en Catalunya fueron
substituyendo la liturgia hispánica durante el siglo
IX. La recuperación de la Narbonense, a mitad del siglo
VIII y del norte de la Tarraconense a finales del mismo siglo
y el problema del adopcionismo del obispo Félix d'Urgell,
en sus puntos más esenciales como la celebración
eucarística y la plegaria de las horas, permitieron
la reorganización eclesiástica según
la nueva liturgia. A pesar de ello, no fue despreciable la
pervivencia de algunos elementos hispánicos en la liturgia,
ya que el cambio litúrgico obligó a mantener
el ritual hispánico, conservado en la Narbonense, pues
en lo referente a otros sacramentos y ceremonias es más
completo y organizado que el romano. A pesar de que al sur
de los Pirineos el proceso de cambio de liturgia debió
ser más lento, son muchos los indicios que nos permiten
suponer que se realizó sin prisa pero sin pausa durante
todo el siglo IX. Entre finales del X y inicios del XI asistimos
a la consolidación religiosa y cultural de la iglesia
catalana. Pese a algunos episodios puntuales (devastación
de Al-Mansur, muerte de algunos eclesiásticos en la
posterior expedición a Córdoba...) una nueva
generación aportó gran esplendor a la iglesia
catalana. La figura puntera del abad Oliva (entre 971-1046)
destacó por su actividad de renovación religiosa
y cultural.
A partir del último tercio del siglo XI y de mano
de los legados papales comisionados para luchar contra la
simonia, herejía que al igual que en el resto de Europa
había erosionado la jerarquía eclesiástica
catalana, la reforma de Cluny entró en Catalunya. Las
abadías y las catedrales optaron convencidas por el
nuevo espíritu reformador proclamado desde Roma. Hay
que destacar que en este proceso histórico Catalunya
actuó como un notable foco de irradiación cultural
y la importancia de escritorios como Girona, Vic, Ripoll,
La Seu d'Urgell, Barcelona, o Sant Cugat fue fundamental para
cubrir la provisión de libros litúrgicos tan
necesarios en aquellos años. Durante este periodo de
tres siglos es cuando se encuentran un mayor número
de manuscritos litúrgico-musicales. La escritura musical
utilizada fue la llamada notación catalana, de origen
poco conocido, pero probablemente nacida en el entorno de
Narbona. A partir del siglo XII, el incremento del repertorio
y la incapacidad de precisar las variaciones de altura melódica
le hicieron perder terreno ante las posibilidades que ofrecía
la notación aquitana mucho más precisa en cuanto
a la diastematía (o sea la colocación de los
neumas a diferentes alturas y con el referente del pautado)
lo que facilitó una mejor interpretación de
las melodías.
El programa de la Scola Gregoriana Brugensis, efectúa
un recorrido litúrgico-musical en el que, partiendo
de piezas centradas en el misterio de la Trinidad, presenta
los cantos ofrecidos en honor al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo. Se alternan las piezas de carácter silábico
(himnos y secuencias), con otras neumáticas (introitos
y cantos antifonales) y las de carácter melismático
como las aleluyas.El canto gregoriano es un referente en muchos
sentidos y por ello tenemos la obligación de destacar
que su recuperación en concierto nos aproxima a las
fuentes de la creación musical de la cultura occidental.
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